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Press Release

 

Territorio Liberado

Opening reception - January 11

 

(English bellow)

 

Las obras en la exposición Territorio Liberado de Federico Guzmán continúan una exploración de 25 años en la definición y el desmantelamiento de las construcciones artificiales que dan forma a nuestra identidad personal y política. Al examinar las obras aquí expuestas, vemos encarnaciones nuevas de un territorio familiar: espirales, círculos, el espectro gradiente de la rueda de colores, e imágenes brillantes con una efervescente luz tan candente que podrían cortar el acero. Combinados, estos motivos expresan su deseo de derribar los muros que limitan nuestras libertades.

 

Una pintura como Ignis novus, expresa ideas que Federico y yo discutimos al inicio de nuestra amistad a finales de los ochenta. Ambos estábamos interesados en el arte y la escritura de Robert Smithson, y especialmente enamorados de su conferencia con diapositivas Hotel Palenque y la icónica Spiral Jetty. Energía. Vórtices. Entropía . Neguentropía (negación de la entropía). Vida. Muerte. Smithson explora el inefable universo donde todo se desintegra y la destrucción es creación. En ese momento, Federico emplea a menudo la espiral como una manera de deconstruir, desenrrollar y desdibujar la distinción entre individuo y Estado, colocando al yo en oposición a una identidad socialmente construida. Recuerdo una obra temprana, Psicoprovincia(1989), en el que pintó una gran espiral (cuya longitud estaba determinada por su número de pasaporte) que emanaba de las plantas de los pies hacia el exterior para cubrir la mayor parte del suelo de su estudio. Lo que me engancha de esta obra es la espiral como forma que se extiende hacia dentro y hacia fuera, hasta el infinito. Es una expresión concreta del potencial ilimitado de la libertad.

 

Un año después, en la reseña de la primera exposición individual de Federico en Nueva York para Artforum (septiembre de 1990), me centré principalmente en el desmantelamiento de la lógica geográfica. Una de las obras seminales de la exposición, Las Fronteras Espirales, fue construida a partir de las diferentes siluetas de goma de los países del mundo cortadas en tiras continuas que se enroscaban hacia dentro, hacia el centro de la nación. Desplegadas y dispersadas al azar por el suelo, las fronteras ya no podían ser leídas cartográficamente. A continuación se utilizó este trabajo para crear el Cuadro de las Fronteras Espirales, sumergiendo las tiras de goma en pintura color púrpura y estampando su forma amorfa en un lienzo rectangular. Con los límites geográficos desintegrados en una masa decorativa, el resultado pictórico tenía más de Jackson Pollock que de mapa del mundo. Sellado por los cuatro lados de la lona con las letras NSEO, el mapa del mundo se fusionó en un único campo unificado sin orientación determinada. El enredo entrelazado de las fronteras culturales sugiere la arbitrariedad de las construcciones geográficas, reduciendo las fronteras políticas de las naciones-estado a una masa amorfa de sinsentido.

 

El arte de Federico Guzmán explora constantemente la opresión creada por los límites impuestos por la sociedad y el deseo humano de libertad y autonomía. Para Paradise Europe (BizArt , Copenhague, 1992), una exposición de vallas públicas instaladas en toda Dinamarca, Guzmán produjo Casualidades de la arqueología, un plano expansivo lleno de dos hojas ampliada de transferibles que muestran diseños variados de “bordes decorativos”.

 

Si bien la idea de que las fronteras políticas son construcciones artificiales no era nueva en el momento (estoy pensando en la Carte du Monde Poetique de MarcelBroodthaers (1968), creada mediante la sustitución de la LI de Politique, con una E para que se lea Poetique), su sentido se ve perpetuamente renovado. Paradise Europeabrió sus puertas en 1992, un año lleno de celebraciones (y anti-celebraciones) del “Descubrimiento del Nuevo Mundo” de Colón. Este es también el año en que se formaba la Unión Europea, y con ella la vaga promesa de una Europa que desmantelaba sus fronteras. En este contexto, los patrones ampliados de bordes de diseño de Federico sugieren que las fronteras son decorativas, artificiales. Son abstracciones impuestas a una realidad que se intenta suprimir y volver invisible, de modo que puedan crear y controlar una realidad alternativa que es en última instancia una mentira.

 

La espiral se apunta de nuevo en el retrato circular que Federico hace de la Talja, el resistente árbol del desierto que sobrevive en extremas condiciones de calor y sin agua. Contemplamos sus ramas y hojas como si estuviéramos a su sombra mirando hacia el cielo. En lugar de tiras espinosas, alambres de púas se entrelazan con las ramas en espiral del árbol haciendo referencia a la imposición de una influencia no indígena en el ecosistema local. Cualquiera que sea la lectura que uno prefiera (y hay muchas), los colores con bordes brillantes que parecen irradiar un aura de otro mundo, y la suave forma en espiral de la celosía de ramas y espinas del árbol, presentan una calma, incluso un gozoso sentimiento de descanso y serenidad. Al mirar este trabajo, añoro sentarme a la sombra del árbol y mirar hacia arriba al dosel de bellos colores.

 

Combinar la belleza y el optimismo con una poderosa crítica socio-política ha sido siempre uno de los talentos de Federico Guzmán. Dentro del marco circular de Territorio Liberado un corazón late en espirales del centro hacia afuera, la transición desde el azul oscuro hacia el púrpura, el rojo y el amarillo, de hecho, invirtiendo la gradación de la rueda de color utilizada en Ignis novus. Los tonos sin embargo, se matizan a una gama más terrosa. El conjunto de obras en la exposición analiza la construcción de la libertad al abrazar el espíritu humano y nuestra búsqueda de la libertad y la autonomía. Recordando las palabras de un revolucionario egipcio de la Plaza Tahrir, Federico deja abierta una puerta a la esperanza: “No hace falta ser optimista imaginando un futuro utópico. El futuro está formado de una sucesión infinita de presentes, y levantarnos cada día haciendo lo correcto, enfrentándolo todo, es ya de por si una maravillosa victoria”. 

 

                                                            

                                                                                                            Kirby Gookin

 

 

The works in Federico Guzmán’s exhibition Liberated Territory continue his 25-year exploration into defining and dismantling the artificial constructs that shape ourpersonal and political identity.  In surveying the works displayed here, we see new incarnations of familiar territory: spirals, circles, the gradated spectrum of the color wheel, and images glowing with an effervescent light so white-hot they could cutthrough steel.  Combined, these motifs express his desire to break down the walls that  constrain our freedoms.

  

A painting like Ignis Novus, expresses ideas that Federico and I discussed whenbecoming friends in the late 1980s. We were both preoccupied with the art and writingof Robert Smithson, and especially enamored by his slide lecture Hotel Palenque and the iconic Spiral Jetty. Energy. Vortexes. Entropy.  Negentropy (negating entropy).  Life.  Death.  Smithson explored the inefable universe in which everything decays and destruction is creation.

   

At the time, Federico often employed the spiral as a way to deconstruct, unwind and blur the distinctions between individual and state; placing the self in opposition to a socially constructed identity.  I remember an early work “Psicoprovincia, “ (1989) in which he painted a large spiral (its length determined by his passport number) thatemanated from the soles of his feet outward to cover most of his studio floor.  Whatengages me about this work is that the spiral is a shape that extends inwardly and outwardly toward infinity.  It is a concrete expression of the unlimited potential of freedom.

  

A year later, when reviewing Federico’s first solo exhibition in New York forArtforum, (September 1990), I focused primarily on his obliteration of geographiclogic.  One of the exhibition’s seminal works, “Las Fronteras Espirales,” wasconstructed from individual rubber silhouettes of the world’s countries cut intocontinuous strips that coiled inward toward the nation’s center. Unfurled and scatteredhaphazardly across the floor, they could no longer be read cartographically. This workwas then used to create “Cuadro de las Fronteras Espirales,” by dipping the rubberstrips in purple paint and imprinting their amorphous shape onto a rectangular canvas.  With the geographic boundaries disintegrated into a decorative mass, thepictorial result was more Jackson Pollock than Map of the World.  Stamping all foursides of the canvas with the letters “NSEO,” the world map merged into a single unified, but directionless field.  The intertwined entanglement of cultural boundariessuggested the arbitrariness of geographic constructs by reducing the politicalboundaries of country-states into an amorphous mesh of meaninglessness.

 

Federico Guzmán’s art consistently explores the oppression created by sociallyimposed boundaries and the human desire for freedom and autonomy.  For Paradise Europe, (BizArt, Copenhagen, 1992), an exhibition of commissioned publicbillboards installed throughout Denmark, Guzmán produced “Casualidades de la arqueología,” an expansive plane filled with two enlarged sheets of press-typedisplaying various “decorative borders.” 

 

While the idea that political borders are artificial constructs was not new at the time (I’m thinking of Marcel Broodthaers’s Carte Du Monde Poetique (1968) which wascreated by substituting the LI of Politique, with an E so that it reads Poetique), itsrelevance gets perpetually renewed.  Paradise Europe opened in 1992, a year full of celebrations (and anti-celebrations) of  “Columbus’ Discovery of the New World.”  This is also the year when the European Union was being formed, and with it thevague promise of Europe dismantling its borders.  In this context, Federico’soversized decorative border patterns suggest that borders are decorative, artificial. They are abstractions imposed upon a reality that it tries to suppress, and makeinvisible, so that it can create and control an alternative reality that is ultimately a lie. 

 

The spiral is again referenced in Federico’s circular portrait of the Talja, a  tree of resistance that survives in the extreme heat and waterless conditions of the desert. Wegaze upon its branches and leaves as if we are in the shade looking up toward the sky.  In the place of spiny thorns strips , barbed wire interlaces the tree’s spiraling branchesreferencing the imposition of  non-indigenous influence into the local ecosystem.

 

Whatever reading one prefers (and there are many), the colors with the glowing edgesthat seem to radiate an other-worldly aura, and the gentle spiraling shape of the tree’slattice of branches and thorns, present a calm, even joyous feeling of rest and serenity. When looking at this work, I long to sit in the tree’s shade and look up at thebeautifully colored canopy. 

 

Blending beauty and optimism with a potent socio-political critique has always beenone of Federico Guzmán’s talents. Within the circular frame of Territorio Liberado a heart spirals outward from the center, transitioning from dark blue to purple, to red and on toward yellow, in effect reversing the gradation of the color wheel used in Ignis Novus. The tones however, are muted so as to be earthier.  The combined worksin the exhibition examine the construct of  freedom by embracing the  human spiritand our quest for freedom and autonomy. Recalling the words of an Egyptianrevolutionary in Tahrir Square, Federico leaves an open door for hope: “One does notto have to be optimistic imagining an utopian future. The future is made up of aninfinite succession of present moments, and standing up every day doing the rightthing, facing it all, is already in itself a wonderful victory. “

 

Kirby Gookin